Con motivo del LXI Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, la ciudad emeritense acoge a los actores más representativos del panorama español para dar vida a los personajes más pintorescos de la historia.
Yo he tenido el privilegio de poder asistir a una de sus obras y me atrevo decir, sin haber visto el resto de obras que se imparten en este teatro, que puede ser de las mejores de todo el festival.
Una obra que poco tiene que ver con lo que una se espera al ver el título y el cartel que la acompaña; el cuadro de Jean-León Gérôme, Julio César y Cleopatra. En mi caso, no quise leer ni una sola reseña que me augurara lo más mínimo sobre el espectáculo, prefería llevarme una sorpresa. Y vaya que si me la llevé. Dos César y dos Cleopatra, ¿podría ser mejor? Sí. Una de ellas era Ángela Molina. Encarnaba a la eterna Cleopatra en el pleno siglo XXI, donde vuelve a encontrarse con su César, interpretado por Emilio Gutiérrez Caba.
Una Cleopatra mucho más modernizada que César, con tablet y todo, va explicando a su amor cómo han cambiado los tiempos en estos dos mil años y van recordando su historia de amor, realizando flashbacks recreados por Cleopatra y César de la antigüedad, interpretados por Lucía Jiménez y Marcial Álvarez.
Sin duda una puesta en escena única en un cuadro incomparable. Todo actor que se precie debería soñar con actuar en el Teatro Romano de Mérida antes que en el mismísimo Broadway. Y para esta obra no había escenario mejor. Ruinas romanas albergando una historia de amor y el deseo de gloria de ambos protagonistas. Actuación interpretativa a la par que musical, pues ambas Cleopatras cantaban de vez en cuando.
Hago especial mención a Ángela Molina, quien dotó de cierto humor a la obra y demostró, una vez más, que la edad no es vejez, sino experiencia. Una voz increíblemente angelical y demostrando una soltura impecable en el escenario, como si de su propia casa se tratase.
No tan a gusto se mostró Lucía Jiménez, quien actuaba en el Teatro de Mérida por vez primera, pero supo defenderse y dejar a su personaje a la altura que se merecía.
Emilio Gutiérrez también demostró su veteranía en la actuación dejando siempre a Ángela Molina todo el protagonismo.
Del uno al diez daría un once a esta obra, quedé realmente encantada y recordé, una vez más, por qué es necesario ir al teatro. No sólo te diviertes, a demás, aprendes.
Yo he tenido el privilegio de poder asistir a una de sus obras y me atrevo decir, sin haber visto el resto de obras que se imparten en este teatro, que puede ser de las mejores de todo el festival.
Una obra que poco tiene que ver con lo que una se espera al ver el título y el cartel que la acompaña; el cuadro de Jean-León Gérôme, Julio César y Cleopatra. En mi caso, no quise leer ni una sola reseña que me augurara lo más mínimo sobre el espectáculo, prefería llevarme una sorpresa. Y vaya que si me la llevé. Dos César y dos Cleopatra, ¿podría ser mejor? Sí. Una de ellas era Ángela Molina. Encarnaba a la eterna Cleopatra en el pleno siglo XXI, donde vuelve a encontrarse con su César, interpretado por Emilio Gutiérrez Caba.
Una Cleopatra mucho más modernizada que César, con tablet y todo, va explicando a su amor cómo han cambiado los tiempos en estos dos mil años y van recordando su historia de amor, realizando flashbacks recreados por Cleopatra y César de la antigüedad, interpretados por Lucía Jiménez y Marcial Álvarez.
Sin duda una puesta en escena única en un cuadro incomparable. Todo actor que se precie debería soñar con actuar en el Teatro Romano de Mérida antes que en el mismísimo Broadway. Y para esta obra no había escenario mejor. Ruinas romanas albergando una historia de amor y el deseo de gloria de ambos protagonistas. Actuación interpretativa a la par que musical, pues ambas Cleopatras cantaban de vez en cuando.
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| Ángela Molina y Lucía Jiménez / Teatro Romano de Mérida |
Hago especial mención a Ángela Molina, quien dotó de cierto humor a la obra y demostró, una vez más, que la edad no es vejez, sino experiencia. Una voz increíblemente angelical y demostrando una soltura impecable en el escenario, como si de su propia casa se tratase.
No tan a gusto se mostró Lucía Jiménez, quien actuaba en el Teatro de Mérida por vez primera, pero supo defenderse y dejar a su personaje a la altura que se merecía.
Emilio Gutiérrez también demostró su veteranía en la actuación dejando siempre a Ángela Molina todo el protagonismo.
Del uno al diez daría un once a esta obra, quedé realmente encantada y recordé, una vez más, por qué es necesario ir al teatro. No sólo te diviertes, a demás, aprendes.

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